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El ataque de François Hollande ha sorprendido a todos. Un presidente que no consigue remontar las encuestas de popularidad en su país y que, a pesar de su reciente triunfo en las elecciones del año pasado, no goza de carisma entre los franceses.
Su aventura militar sobre Mali, la llamada Misión Internacional de Apoyo a Mali (MISMA), cuyo despliegue fue aprobado el 20 de diciembre por el Consejo de Seguridad de la ONU, contará con unos 5.800 soldados africanos y más de 2.000 soldados franceses que ya combaten cuerpo a cuerpo junto con miembros del Ejército de Mali contra los yihadistas. A pesar de todo, Hollande cuenta con el apoyo de los franceses, un 63% de la población aprueba la intervención en Mali; además, países como Estados Unidos, Reino Unido y el Estado español dan su respaldo al presidente francés e incluso el Gobierno de Mariano Rajoy ha ofrecido un avión Hércules para el transporte de tropas africanas.
Mali es un país rico, entre otros recursos, en uranio, y, aunque no ha salido a la luz aún qué empresas controlan o quieren controlar este recurso, todo apunta a que la compañía francesa Areva, que desarrolla toda la industria nuclear de este país y que cuenta con importantes yacimientos en Níger, cerca de la frontera con Mali, quiere proteger y controlar los yacimientos de la excolonia. Pero también Mali cuenta con reservas de litio (que se emplea en los teléfonos móviles), bauxita, cobre, fosfatos, plomo, zinc y petróleo.
Además, el país africano cuenta con grandes reservas de oro. Exporta al año más de cuatro toneladas de este metal, sobre todo a los Emiratos Árabes y Suiza.
Compañías como la canadiense Barrick Gold y otras con sede en Reino Unido, tienen grandes intereses en la zona. Por ello, no sorprenden tampoco las declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, que ha ofrecido ayuda militar para evitar “el avance terrorista” en el país.
Mientras, la guerra corre peligro de extenderse a Argelia, donde un grupo vinculado a Al Qaeda asaltó una planta de gas y secuestró a unos 150 argelinos y 40 trabajadores extranjeros, de los cuales 37 murieron tras la intervención de los militares argelinos.
Su aventura militar sobre Mali, la llamada Misión Internacional de Apoyo a Mali (MISMA), cuyo despliegue fue aprobado el 20 de diciembre por el Consejo de Seguridad de la ONU, contará con unos 5.800 soldados africanos y más de 2.000 soldados franceses que ya combaten cuerpo a cuerpo junto con miembros del Ejército de Mali contra los yihadistas. A pesar de todo, Hollande cuenta con el apoyo de los franceses, un 63% de la población aprueba la intervención en Mali; además, países como Estados Unidos, Reino Unido y el Estado español dan su respaldo al presidente francés e incluso el Gobierno de Mariano Rajoy ha ofrecido un avión Hércules para el transporte de tropas africanas.
Los intereses de Francia
Sin embargo, a nadie se le escapa que más allá de la insistencia sobre una misión “pacificadora” existen muchos intereses y los ojos están puestos, según expertos internacionales, en la gran cantidad de recursos naturales con los que cuenta la excolonia francesa. De hecho, Hollande ya ha declarado que la operación en Mali durará lo necesario para vencer el terrorismo”. La misión recuerda a la emprendida en Libia, cuyos recursos ya controlan diversas multinacionales.Mali es un país rico, entre otros recursos, en uranio, y, aunque no ha salido a la luz aún qué empresas controlan o quieren controlar este recurso, todo apunta a que la compañía francesa Areva, que desarrolla toda la industria nuclear de este país y que cuenta con importantes yacimientos en Níger, cerca de la frontera con Mali, quiere proteger y controlar los yacimientos de la excolonia. Pero también Mali cuenta con reservas de litio (que se emplea en los teléfonos móviles), bauxita, cobre, fosfatos, plomo, zinc y petróleo.
Además, el país africano cuenta con grandes reservas de oro. Exporta al año más de cuatro toneladas de este metal, sobre todo a los Emiratos Árabes y Suiza.
Compañías como la canadiense Barrick Gold y otras con sede en Reino Unido, tienen grandes intereses en la zona. Por ello, no sorprenden tampoco las declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, que ha ofrecido ayuda militar para evitar “el avance terrorista” en el país.
Mientras, la guerra corre peligro de extenderse a Argelia, donde un grupo vinculado a Al Qaeda asaltó una planta de gas y secuestró a unos 150 argelinos y 40 trabajadores extranjeros, de los cuales 37 murieron tras la intervención de los militares argelinos.
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